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Te recuerdo Amanda

Ayer, 10 de diciembre, Dia Internacional de los Derechos Humanos, murió el dictador chileno Augusto Pinochet. Tenia numerosas causas judiciales abiertas por sus crímenes, pero ningún proceso había terminado.

Una de sus víctimas fue Víctor Jara, cantautor chileno y profesor de la Universidad Técnica del  Estado, en Santiago de Chile. Según la resolución judicial, Víctor fue detenido, durante el golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende, el día 12 de Septiembre de 1973, en la universidad donde ejercía; con él, se detuvo a un total de 600 personas, alumnos y profesores. Fueron  trasladados al “Estadio Chile” de Santiago”. Allí, al ser reconocido, fue separado del resto y brutalmente golpeado.

Sus manos y su voz eran lo más importante; con sus manos tocaba la guitarra y acompañaba sus canciones. Con esas manos se ensañaron cruelmente; mediante pisotones y culatazos se las destrozaron. El juez señala que “sus manos fueron golpeadas con culatas de fusiles, quedando reducidas a una sola llaga”. Un periodista también detenido (en el mismo estadio), al verle así y preguntarle cómo estaba, Víctor respondió: “Mira mis manos, mira mis manos: me las machacaron para que nunca más volviera a tocar la guitarra…”.

Una vez acabado con sus manos, terminar con su voz fue aún más fácil. El documento judicial añade: “se le dió muerte en el mismo Estadio Chile, mediante múltiples disparos realizados con armas automáticas”. Su cadáver fue literalmente tirado a la calle, para que sirviera de escarmiento; en él se hallaron 34 orificios de bala.

Desde el 11 de Septiembre de 2003, el tristemente famoso “Estadio Chile” fue bautizado con su nombre, como un homenaje a él mismo y “como un símbolo de reivindicación de la cultura que fue aplastada durante la dictadura”.

Victor Jara se fué, pero nos queda su voz y sus canciones:

 

Y para terminar este breve homenaje a las víctimas del régimen del dictador Pinochet, las palabras de Salvador Allende (1908-1973), con las que finalizó el mensaje radiofónico dirigido a los ciudadanos chilenos el 11 de septiembre de 1973:

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

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